CANTO DE SIRENA
SI SUSTITUYÉRAMOS LAS SIRENAS DE ENTRADA A LAS ESCUELAS, POR UN FLUIR TRANQUILO Y SOSEGADO, CON UN MARGEN DE TIEMPO DONDE SE DÉ LA VIDA, DARÍAMOS EL PRIMER PASO, HACIA UNA EDUCACIÓN EN ARMONÍA.
Sin lugar a duda ha llegado el momento de quitar las sirenas y los timbres de las entradas y salidas de las escuelas públicas.
Tras la publicación de mi segundo ensayo -Sos. Educación Pública -muchos directores de centros públicos de Écija, Sevilla, Córdoba, Cádiz etc. Después de leer el ensayo, se han animado a sustituir las sirenas de entrada y salida a los centros por hilos musicales, por canciones infantiles, por cantos regionales música clásica etc.
Hace muchos años en la conversación con un inspector de educación le manifesté mis ilusiones de abolir las sirenas de entrada y salida, así como los timbres estridentes en cambios de clase y en cada sesión. Retirar las sirenas como icono alienante de conducta, debería ser el primer paso hacia una educación en armonía, donde lo humano, toma forma ante un icono que se ha mantenido durante décadas y siglos. Podríamos considerar éste, el primer paso de todos aquellos que han leído salvar la educación pública y se deciden a hacerlo de forma comprometida.
Se han sumado a la iniciativa por la sencilla razón de querer romper el carácter alienante y a doctrinante que supone el hecho de que los niños entren a clase escuchando una sirena o un timbre estridente que, sin más, invita a ponerse en fila.
Realmente la propuesta era un poco más ambiciosa invitando a los centros a dejar un margen de entrada y salida de más menos diez minutos donde el docente, maestro recibe con calma y humanidad a todos los niños que van llegando, yo lo describí con un margen de tiempo donde se dé la vida.
¡A su amor!
A estas alturas del siglo XXI tenemos todos claro que no somos ningún producto, ni gubernamental, ni estatal.
Son niños, somos maestros, somos personas con el objetivo común de evolucionar como en ninguna otra época u otro tiempo lo hayamos hecho.
¡A grandes males sólo nos caben grandes remedios!
Carmen Soledad GG.